Así es, ¡ya es jueves!... no saben la felicidad que eso me provoca (creo que a la mayoría), me encanta saber que podré tener tiempo relativamente libre para hacer algo que no sea por mera obligación, pagada o no. Porque no están para saberlo, ni yo para contarlo, pero últimamente esta cuestión del tiempo me parece tan complicada de entender, así es, de entender.
No sé a que se deba, pero de unos meses a la fecha el tiempo se me ha ido volando, ya es marzo y yo todavía tengo fresco en mi memoria el brindis de año nuevo (¡no puede ser!), por lo tanto me pregunto: ¿Qué pasa?, ¿por qué antes todo llevaba un ritmo soportable y ahora todo se vuelve acelerado?, de acuerdo a la sabiduría de mi madre la respuesta es: la edad. ¿Será cierto?
Cada vez más comienzo a creer que es cierto, obviamente recordando esos tiempos de niñez y adolescencia en los que el tiempo pasaba y pasaba y yo quería acelerarlo, y ahora (y no porque sea toda una mujer madura –risas-) lo único que quiero es detenerlo cuando siento que s eme va y nada de provecho saco. No saben cuantos dolores de cabeza me provoca pensar en que quiero hacer todo pero el tiempo me come. Así es, en ocasiones me quiero comer al mundo de un solo bocado y otras no sé ni por donde empezar.
Lo importante de toda esta verborrea mental es que una sola cosa tengo bien clara: solo se vive una vez, y el tiempo es sabio. Por lo tanto no me queda más remedio que seguir con las obligaciones, llámense tesis, trabajo, etc. pero eso si con el sabio consejo de vivir cada momento como se merece porque ya no volverá; dejar atrás los miedo es una buena opción, creer en algo lo es todavía mejor. Así que aferrémonos a algo que nos haga sentir que estamos muy vivos.